Joan Anglada Rull

Viajar al futuro no tiene nada de extraordinario, pero prever o anticipar el futuro es una de las ventajas competitivas que conviene tenga el emprendedor.

La evolución nos ha regalado a los humanos. Tener indicios o hacer conjeturas sobre lo que ha de suceder. Esto nos sirve de ayuda para afrontar con anticipación futuras contingencias o para aprovechar las oportunidades que el futuro nos depare.

Si bien es cierto que la visión de futuro es una característica que compartimos como especie, también lo es que algunos seres privilegiados la tienen desarrollada en grado sumo: me estoy refiriendo a los emprendedores.

Cuando un emprendedor viene a Secot y nos da a conocer su idea de negocio, lo que en realidad nos cuenta es su visión de futuro. Y un plan de empresa no es nada más que una hoja de ruta para llegar a buen puerto con más garantías de éxito. Lo ilustraremos con un ejemplo. Henry Ford, fundador de la Motor Ford Company, tuvo una visión: que los empleados de sus fábricas —y, por ende, el resto de la clase trabajadora—, pudieran adquirir los coches que fabricaba (hasta aquel momento un lujo reservado a la gente adinerada). Y para que ello fuera posible, ideó la fabricación en cadena, lo que supuso una revolución, tanto para el sector del automóvil como para la industria en general.

En consecuencia, podríamos decir que una de las características que mejor definen a los emprendedores es su capacidad de visualizar el futuro con todo lujo de detalles. Algunos de ellos son incluso capaces de viajar a este futuro que, previamente, han creado con su imaginación: un mundo imaginario donde todos los sueños son posibles y lo viven con tanta intensidad, que regresan al presente con el depósito cargado de energía y la determinación de dotarse de los recursos necesarios para hacer posible su sueño en el mundo real.

Una cuestión que planteo a los asistentes a talleres de emprendimiento es la siguiente: ¿Esta característica (de crear el futuro) es innata?; es decir, ¿Solo la tienen aquellas personas agraciadas por la lotería genética? ¿O, por el contrario, está al alcance de todo el mundo y se puede adquirir en cualquier supermercado de la esquina?

Hay respuestas para todos los gustos, pero en la mayoría de los casos, la conclusión a que llegan es que depende del sistema de creencias de cada cual. «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes estás en lo cierto», es una de las sentencias más conocidas de Henry Ford.

Y para concluir, mi opinión es que cualquier persona que se lo proponga puede cultivar las cualidades que destacan a los emprendedores. Y un ejemplo es la visualización: si bien es cierto que todos tenemos, en mayor o menor medida, la capacitad de imaginar el futuro, esta característica se puede entrenar para hacerla más rica, clara y diáfana. Y cuanto mejor sea la visualización, más entusiasta será la tarea de dotarse de herramientas y recursos para conseguir que los sueños se conviertan en realidad.