Roberto de Dalmases Piñot

Crecer parece una obligación. Como empresario no quieres hacer un presupuesto para el siguiente ejercicio sin crecimiento, te daría sensación de fracaso o poca ambición, pero ¿no pondrás en peligro tu empresa?

No puedes caer en este error, debes crecer cuando puedas y lo inteligente es aceptar que en ocasiones no se puede ni se debe crecer y prepararse para la situación.

Crecer es una oportunidad y también es un riesgo. ¿Cómo lo planteas?

¿Tu proyecto es una start-up?

Crece cuanto puedas y los más rápidamente posible, este es un activo importante para el futuro de tu proyecto.

Tu objetivo es conseguir “compañeros de viaje” o que alguien se “enamore de la idea” y apueste por ella, para ello el volumen y la proyección de ventas es importante.

Si tu proyecto no es una start-up, al principio crece tanto como puedas, tu principal objetivo es alcanzar una base económica que te permita hacer viable tu empresa.

Si ya has alcanzado esta base económica estable o cómoda, tu preocupación debe ser el trato y atención de tus clientes, que será un activo fundamental para tu éxito.

Crece mientras puedas “mimar” a tu cliente y cuando esto veas que empieza a flaquear, modifica tus estructuras para poder dar una adecuada atención al cliente y cuando lo hayas conseguido vuelve a plantearte crecer.

Mientras tanto, capitalízate, crea base económica, que te permita elegir el momento de volver a plantear la expansión.

Crecer más de lo posible es un riesgo elevado, puedes perder tu clientela o llegar a un colapso económico.

Mantener una empresa sana, aunque sea pequeña, que da beneficios, es mucho mejor que alcanzar mayor volumen, con más riesgos y sin que el incremento de los beneficios lo justifiquen.

 

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