Resultat d'imatges de resilienciaVicenç Fernández Saguer

Oct./19

 

En los proyectos de empresa, los fracasos pueden sobrevenir por muchos motivos.

Algunos tendrán su origen en factores externos, los menos.

La mayor causa de fracaso reside en nosotros mismos, por acción o por omisión.

Enumero algunas de las causas más frecuentes:

  • Falta de capacidad o preparación; no dejarse aconsejar
  • Exceso de ilusión que nos impide ser objetivos
  • Insistir en modelos de negocio obsoletos, o que nunca van a ser negocio
  • No validar cada paso antes de darlo por definitivo, y empezar endeudándose
  • Falta de constancia, o de metodología de trabajo
  • Falta de prudencia, o de sentido de anticipación
  • Barreras mentales, o miedos, al fracaso, al ridículo, etc.
  • Creerse autosuficiente, o no rodearse de aliados válidos
  • No dar el golpe de timón a tiempo

Observarás que todas ellas (y más que encontraríamos) son evitables en tanto que dependen de uno mismo.

Pero me voy a centrar en un aspecto al que doy mucha importancia y que puede ser transversal a todos los motivos de fracaso:

  • Confundir el proyecto con uno mismo.

Nadie nace emprendedor, de la misma manera que nadie nace arquitecto. Uno se forma para ello y acabará desarrollando una vocación, una profesión, unos proyectos. Pero ni los proyectos, ni la profesión, ni tampoco la vocación explican todo lo que uno mismo es.

Sin duda que hay mucho de cierto en la frase “somos lo que hacemos” o en “por sus obras los conoceréis”.

Lo que define a una persona no son solamente sus proyectos realizados con éxito, también le definen sus intentos por alcanzarlos.

También se dice que “somos lo que comemos” y a nadie se le ocurre identificarse con un guiso, por mucho que le haya gustado.

Lo que configura a una persona es lo que queda en ella cuando todas sus acciones, exitosas o no, ya han transcurrido. Siguiendo la comparación, uno crece físicamente digiriendo lo que ha engullido, que ya es agua pasada.

Cuando se produce una confusión entre lo que se quiere hacer y lo que se quiere ser, se corre un altísimo riesgo: sentirse fracasar como persona. Resulta frustrante, genera una parálisis que dificulta el reintento.

Por el contrario, cuando uno tiene claro que el proyecto no es nada más y nada menos que eso, un proyecto, de cada fracaso saca un aprendizaje enriquecedor que le arma para un nuevo intento (resiliencia). Y no solamente esto. Facilita poder transmitir a terceros conocimientos y recomendaciones basados en la experiencia personal.

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